El regalo negado
Todos hemos sido niños.
Y todos hemos visto cientos de juguetes tanto en manos de otros niños, como en escaparates, revistas o anuncios de la televisión.
Cuántos de nosotros hemos pensado y dicho ‘me lo pido’ cuando hemos visto regalos estrafalarios, grandes, ruidosos, con luces y sobre todo con unas campañas de marketing increíbles.
Siempre queremos el juguete más grande que el del vecino, o el que corre más, o el más rojo, o el que escribe en 4 colores.
No son cosas que realmente ansiemos, pero somos niños, y los niños quieren juguetes.
Negarle un juguete a un niño es jodido, porque seguramente si eres un niño lo único que quieres sean juguetes y Aspitos.
Recuerdo un cumpleaños cuando yo tendría como mucho 5 o 6 años. Vivía en otra casa. Mientras la familia que se acercó a darme regalos y tomar café veía cómo yo abría los regalos, vi otro juguete en manos de otra persona, lo ví, y pensé que era el juguete que quería, y que afortunadamente alguien me lo había regalado. Estaba totalmente equivocado, ya que como descubrí minutos después, ese juguete no era para mí y pensé que su único cometido era que lo viera, que lo deseara, y después arrebatarmelo.
Los niños lo superamos todo. Especialmente las rabietas de 5 minutos por juguetes que nunca han sido nuestros.
Lo jodido es cuando te haces mayor, y encuentras un juguete que realmente te gusta. Te dicen que puede ser tuyo y piensas que es el juguete más maravilloso del mundo, y que no te quieres apartar de él. Dedicas un tiempo a explorarlo, a conocerlo, a entenderlo, y realmente te das cuenta de que quieres a ese juguete sobre los otros juguetes del mundo.
Un niño de 5 años lo supera todo en 5 minutos. Un niño de 23 años no se cuánto tarda en superarlo.
Llegas a pensar si hubiera sido mejor no haber encontrado nunca ese juguete que tan feliz te ha hecho durante un tiempo, y que ahora sólo sirve para que te hundas un poquito más cada día en su ausencia.
En 2008 encontré mi juguete, y en 2009 perdí mi juguete.
Ahora soy un niño que no tiene nada con lo que jugar, pero que sabe con lo que quiere jugar y está condenado a ver y querer a su juguete.
Otro niño triste en un mundo de juguetes rotos.
